5 errores del preoperatorio en catarata y cómo evitarlos

Centro Oftalmológico Dr. Raúl Salazar - Quito

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5 errores del preoperatorio en catarata y cómo evitarlos

La planificación moderna de la cirugía de catarata exige separar las expectativas del paciente de los datos objetivos que determinan la seguridad y la precisión refractiva. Un paciente puede llegar con una meta muy definida, como eliminar por completo el uso de lentes o recibir una lente multifocal, pero esa expectativa no debe condicionar la interpretación del examen. La decisión quirúrgica debe construirse después de evaluar refracción, agudeza visual, superficie ocular, biometría, queratometría, topografía, presión intraocular y estado estructural del ojo. Prometer un resultado antes de completar la evaluación crea un sesgo que puede llevar a adaptar los hallazgos a una decisión tomada con anticipación, en lugar de permitir que la condición ocular determine la estrategia.
La superficie ocular es una fuente crítica de error porque una película lagrimal alterada modifica la queratometría y puede cambiar la magnitud y el eje del astigmatismo. La mala calidad o cantidad de lágrima provoca mediciones inestables, discrepancias entre refracción y queratometría y variación en el cálculo del poder de la lente intraocular. Antes de confiar en la biometría definitiva, la superficie debe estabilizarse y las mediciones deben repetirse hasta obtener resultados reproducibles. La precisión refractiva no depende de una única lectura: un buen cálculo se reconoce por la consistencia entre mediciones, dispositivos y fórmulas, especialmente cuando se plantean lentes tóricas, multifocales o estrategias con menor tolerancia al error residual.
El astigmatismo tampoco debe corregirse basándose en una cifra aislada. Su magnitud y eje deben mostrar estabilidad y concordancia con la refracción y los estudios corneales; de lo contrario, existe riesgo de tratar un astigmatismo que pertenece a una superficie ocular inestable y no a la verdadera geometría de la córnea. La misma lógica se aplica a la elección del poder de la lente intraocular: las variaciones entre fórmulas o mediciones obligan a buscar la causa antes de decidir. La repetibilidad se convierte así en un criterio clínico: cuando un dato cambia de una medición a otra, debe considerarse todavía no confiable y no utilizarse para una decisión refractiva irreversible.
La planificación debe modificarse cuando aparecen hallazgos que cambian el riesgo funcional del ojo. Una presión intraocular aparentemente aceptable no descarta enfermedad estructural, y la identificación de alteraciones del nervio óptico, glaucoma u otros factores de riesgo puede volver inapropiada una lente premium previamente considerada. La prioridad deja de ser alcanzar una expectativa refractiva y pasa a proteger la función visual a largo plazo. El preoperatorio adecuado combina por tanto expectativas realistas, superficie ocular optimizada, mediciones repetibles, análisis prudente del astigmatismo y capacidad de cambiar el plan ante nuevos hallazgos; la mejor indicación no es necesariamente la que coincide con el deseo inicial del paciente, sino la que el ojo puede sostener con seguridad y calidad visual.