Excímer láser después de los 40 años

Centro Oftalmológico Dr. Raúl Salazar - Quito

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Excímer láser después de los 40 años

La cirugía con excímer láser después de los 40 años exige considerar que el objetivo ya no es únicamente neutralizar una ametropía. En este grupo comienza o progresa la presbicia, la superficie ocular puede ser más vulnerable y las expectativas de independencia de lentes suelen ser altas. Una córnea anatómicamente apta y una refracción corregible no garantizan por sí solas satisfacción. La planificación debe integrar refracción manifiesta y bajo cicloplejía, graduación habitual, estabilidad entre mediciones, dominancia ocular, necesidades ocupacionales, visión de lejos y cerca y expectativas funcionales. La discrepancia entre estos elementos puede conducir a una corrección técnicamente correcta pero percibida como insuficiente por el paciente.
La mini-monovisión intenta conservar visión lejana en el ojo dominante y dejar una miopía residual controlada en el ojo no dominante para mejorar la visión próxima. La dominancia, sin embargo, no equivale a tolerancia. Deben diferenciarse dominancia motora, dominancia sensorial y tolerancia funcional binocular, esta última idealmente comprobada antes de la cirugía mediante montura de prueba o lente de contacto. La cantidad de desenfoque que puede dejarse en el ojo no dominante no es un número universal: depende de la edad funcional, la adición necesaria, la ocupación y la capacidad de neuroadaptación. A medida que aumenta la edad y cambia el cristalino, el peso de la presbicia y de la calidad óptica interna también aumenta en la decisión refractiva.
La inconformidad posoperatoria puede originarse en varias causas simultáneas: miopía residual, estrategia de monovisión mal tolerada, superficie ocular alterada, fluctuación refractiva o expectativas poco realistas. Cuando el paciente mejora con corrección óptica, existe un componente refractivo real, pero esto no significa que el retratamiento deba ser inmediato. Primero deben optimizarse la superficie ocular y la calidad de la película lagrimal y repetirse las mediciones hasta confirmar estabilidad. El análisis binocular es igualmente importante, porque un ojo puede haber quedado más miope de lo planificado o el ojo destinado a lejos puede no haber alcanzado una refracción suficientemente próxima a plano para satisfacer las necesidades del paciente.
El tiempo forma parte de la toma de decisiones. Las quejas durante las primeras semanas no deben conducir automáticamente a un retoque, ya que la refracción y la superficie pueden continuar cambiando. La estabilidad debe demostrarse en controles sucesivos y, en mayores de 40 años con ojo seco, monovisión o fluctuación, puede ser más prudente observar durante varios meses antes de considerar una nueva ablación. Un retoque tiene sentido cuando el defecto residual persiste, es reproducible y la corrección de prueba mejora claramente la función visual. La selección adecuada, la simulación preoperatoria de monovisión y el manejo de expectativas son tan importantes como la precisión del láser para obtener satisfacción en este grupo de pacientes.