Cargando documento…
No se pudo mostrar el PDF.
Comprueba que el archivo exista y sea accesible.
—
/
—
Ojo seco y cirugía de catarata
La película lagrimal constituye la primera superficie refractiva del ojo y su estabilidad influye directamente en la calidad de la queratometría, la topografía y el cálculo de la lente intraocular. El ojo seco es muy frecuente en pacientes que serán sometidos a cirugía de catarata y puede encontrarse incluso en personas que no refieren síntomas. Una superficie ocular inestable modifica la curvatura corneal medida, altera la magnitud y el eje del astigmatismo y puede producir variaciones en el poder de la lente calculada. Por ello, la precisión refractiva moderna no depende únicamente de una biometría sofisticada: requiere que la superficie sobre la que se realizan las mediciones sea estable y represente de forma fiel la verdadera óptica corneal.
La sospecha aumenta cuando las mediciones no son reproducibles. Cambios de queratometría entre tomas, discrepancias entre biometría, topografía y tomografía, variación del cilindro o de su eje y modificaciones del poder de la lente al repetir el estudio sugieren que la superficie ocular está influyendo en los resultados. La evaluación debe identificar síntomas, tinción, tiempo de ruptura lagrimal, menisco, disfunción de glándulas de Meibomio y otros hallazgos que permitan fenotipar el ojo seco como evaporativo, acuodeficiente, mixto o predominantemente inflamatorio. En este contexto, no debe elegirse de forma definitiva una lente tórica, multifocal u otra opción premium hasta confirmar que las mediciones son estables.
La cirugía de catarata también puede desencadenar o agravar ojo seco por incisiones, inflamación, exposición y secado intraoperatorio, manipulación de la superficie y uso posoperatorio de colirios con conservantes. El paciente puede presentar ardor, sensación de cuerpo extraño, lagrimeo, visión fluctuante, halos, glare y mala calidad visual aunque la agudeza medida sea buena. Este desajuste entre una cirugía técnicamente exitosa y una percepción visual insatisfactoria explica por qué la superficie ocular debe formar parte del análisis de cualquier queja refractiva posoperatoria. Un ojo que llega compensado al quirófano puede descompensarse posteriormente si existía una enfermedad subclínica o limítrofe.
El manejo preoperatorio debe dirigirse al fenotipo predominante antes de repetir la biometría definitiva. La disfunción de Meibomio puede requerir higiene palpebral, calor local, lubricación lipídica y tratamiento de rosácea o Demodex; el componente acuodeficiente puede beneficiarse de lágrimas sin conservantes, inmunomodulación o tapones en casos seleccionados; y la inflamación puede necesitar tratamiento antiinflamatorio específico. La cirugía se planifica una vez estabilizada la superficie y comprobada la repetibilidad de queratometría, eje y cilindro. Tratar el ojo seco sin repetir las mediciones deja incompleto el proceso, porque el objetivo final es demostrar que la óptica corneal se ha estabilizado antes de tomar una decisión refractiva irreversible.