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Medicamentos y tratamientos en oftalmología
El tratamiento farmacológico ocular depende de identificar correctamente la estructura afectada y el mecanismo de la enfermedad. Los lubricantes constituyen la base terapéutica en alteraciones de la superficie ocular como ojo seco, irritación asociada a alergia y molestias por pterigión. Entre las formulaciones utilizadas se encuentran hipromelosa, hialuronato de sodio, carboximetilcelulosa, polietilenglicol y geles de ácido poliacrílico, con diferencias en viscosidad, permanencia y tolerancia. La selección debe considerar severidad, frecuencia de uso y presencia de conservantes. Algunas combinaciones con vasoconstrictores pueden disminuir temporalmente el enrojecimiento, pero no sustituyen la búsqueda de la causa y no deben convertirse en tratamiento crónico sin una indicación clara.
Los antibióticos tópicos se emplean en infecciones de conjuntiva, córnea, párpados y vía lagrimal, así como en determinados escenarios posoperatorios. Tobramicina, gentamicina, combinaciones de polimixina, neomicina y bacitracina, ciprofloxacina, moxifloxacina y gatifloxacina representan opciones con diferente espectro y penetración. La elección depende de la sospecha clínica, severidad, riesgo corneal y posibilidad de microorganismos resistentes. La presencia de queratitis, endoftalmitis, infección asociada a lentes de contacto o deterioro visual requiere un umbral bajo para referencia especializada. Utilizar antibióticos sin una indicación definida favorece exposición innecesaria y puede enmascarar una patología que necesita otro enfoque.
Los antiinflamatorios pueden ser no esteroideos, como diclofenaco o ketorolaco, o esteroideos, como prednisolona, loteprednol y fluorometolona. Los corticoides son fármacos muy eficaces pero requieren vigilancia porque pueden elevar la presión intraocular, precipitar o agravar glaucoma y empeorar infecciones herpéticas. Las combinaciones de antibiótico y corticoide tienen indicaciones específicas y no deben utilizarse de forma automática ante cualquier ojo rojo. En alergia ocular se utilizan antihistamínicos y estabilizadores mastocitarios como olopatadina o azelastina, mientras que blefaritis y demodicosis requieren medidas dirigidas al borde palpebral además del tratamiento farmacológico, integrando higiene, control de inflamación y tratamiento del agente causal cuando corresponde.
La farmacoterapia del glaucoma busca disminuir la presión intraocular mediante reducción de la producción de humor acuoso o aumento de su drenaje. Betabloqueadores como timolol y análogos de prostaglandinas como latanoprost, travoprost o bimatoprost son ejemplos frecuentes, aunque la elección depende del tipo de glaucoma, comorbilidades, superficie ocular y adherencia. En patologías retinianas o edema macular pueden requerirse tratamientos intraoculares que quedan fuera del manejo general ambulatorio. La prescripción oftalmológica debe especificar claramente que se trata de formulaciones oculares, concentración y frecuencia, y debe acompañarse de educación sobre técnica de instilación, duración del tratamiento, efectos adversos y signos de alarma. El medicamento correcto solo es seguro cuando parte de un diagnóstico correcto.